
felizmente alimentado
con todas las palabras que no dije.
Consuelo Tomás Fitzgerald
Las historias tienen introducción, nudo y desenlace, repetía sin cesar mi “señorita” de lengua y literatura de la primaria. Pasábamos las clases identificando esas partes en los textos. Por estos días estuve pensando en las historias, sus partes, y las sensaciones que estas nos dejan.
Odie mucho tiempo el final de “El lado Oscuro del Corazón”, que Ana (Sandra Ballesteros) se tomara un avión dejando atrás su historia con Oliverio (Darío Grandinetti) no me cerraba, tanta poesía, tanto amor, no podía ser dejado así. Me costo horrores reconciliarme con Michael Corleone luego de que matara a su hermano Fredo. Podría enumerar varias historias más, donde no quede satisfecho, o por lo menos quede incomodo un segundo, con alguna de las partes de las mismas. Sin embargo, a pesar de no quedar “satisfecho”, disfrute y disfruto de esas historias, una y otra vez, porque mas allá de su desarrollo, su desenlace, amo esas historias.
La vida tiene mucho de eso, hay historias que nos toca vivir que son hermosas más allá del desenlace que tengan, de algún inconveniente que se presente en el desarrollo, o de haber comenzado de manera inoportuna. Hoy me encuentro disfrutando una bella historia, que recién comienza a desarrollarse, que no sé, ni me gustaría, saber hacia donde me llevara, lo que sé es que siempre voy a amar esta historia…
Martín (Hache) de Adolfo Aristaráin