Monday, November 06, 2006

Poesia Argentina II (dedicado a Daniela)



una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo

la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

AP



Siempre me gustaron las estaciones frías pero solo hace un tiempo logre hallar el por que. Me gustan porque en ellas la noche es más larga, incluso los horarios diurnos parecen noches, tan llenos de grises, tan fríos, tan desolados.
La noche me arropa, me hamaca mientras trato de vencer a mi amigo el insomnio, cosa que pocas veces sucede y terminamos decretando unas nobles y amigables tablas.
Amigo insomnio, me visitas como las noches, o las noches me visitan como el insomnio, ya no se que es más regular en mi vida, pero no le busco demasiada explicación, me gusta así, andar por la casa en silencio absoluto, escuchar mis ideas con el solo acompañamiento del sonido que producen mis dedos al presionar el teclado.
La noche tiene esa magia, abrir la puerta y ver en la calle perros rompiendo las bolsas de basura, los ojos iluminados de un gato sobre el paredón que divide una casa de la otra, y de golpe te encontras con el cielo, tan pleno, inmenso, lleno de pequeñas luces, como no sentirse tan poco y a la vez sentir que lo podes todo, si en ese momento esa imagen te pertenece, el cielo es tuyo.
Hoy la recomendación poética, es más que una recomendación es casi una imposición. Enrique Molina, que tanto y tan bien la conocía, escribió sobre ella que “no tenía salvación: no había aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar”.
Alejandra Pizarnik (1936-1972), poeta argentina, termino sus días viviendo en un mundo de tinieblas: Rechazaba la luz, y vivía de noche. Alejandra Pizarnik se libera, en su poesía y su vida, cuando elige el suicidio como salida de elección. La mañana del 25 de septiembre de 1972, una dosis intencional de barbitúricos le tranquilizó el espíritu para siempre. Tenía 36 años.
Así se nos fue, así nos dejo, la poeta de la nostalgia, la poeta de la palabra desgarrada, aquella que pasaba horas buscando la palabra justa, la poeta-niña y su eterna soledad, su soledad como un barco a la deriva. Mejor explicarlo en palabras de Osvaldo Soriano “Estoy cansado de llevarme puesto”.


Hijas del Viento
de Alejandra Pizarnik


Han venido.
Invaden la sangre.
Huelen a plumas,
a carencia,
a llanto.
Pero tú alimentas al miedo
y a la soledad
como a dos animales pequeños
perdidos en el desierto.

Han venido
a incendiar la edad del sueño.
Un adiós es tu vida.
Pero tú te abrazas
como la serpiente loca de movimiento
que sólo se halla a sí misma
porque no hay nadie.

Tú lloras debajo de tu llanto,
tú abres el cofre de tus deseos
y eres más rica que la noche.

Pero hace tanta soledad
que las palabras se suicidan.

3 comments:

Dr jekyll said...

Un amigo de la facu, de esos q sin querer te presenta la vida, me hablo de A.P.
Mi duda es por que nos tenemos que enterar de la vida de estos escritores de casualidad? cuando se enseña literatura no se los muestra o solo vale hablar de autores conocidos? Cuando aprenderemos a valorar lo nuestro? nuestra cultura y a aquellos q la representan?

Daniela de la Cruz said...

Hola Ciru!!!!

Te lo dije en una oportunidad...escribis re biennnnn, me parece re acojedora tu forma de decir las cosas....

una mirada desde la alcantarilla..

Se lo quiere y se lo admira en exceso

Besossss

Dan

Bombom literato said...

Sos una personita muy especial, cajita de sorpresas...Cuando dejes de malgastar fuerzas en imposibles seras muy feliz, te quiero mucho pero mucho mucho mas que mucho