
Me aburre hablar de mí, me aburre hablar siempre de lo mismo, los temas recurrentes son enemigos y los combato rutinariamente. Sin embargo, se aparecen sin llamado previo, me persiguen, me llevan a la situación incomoda de tener que enfrentarlos y salir derrotado nuevamente, nunca les encuentro salida posible.
Así estamos vos y yo, sentados en un bote que gira sobre un punto fijo, no avanzamos, no retrocedemos, solo remamos incansablemente. Pero hoy me di cuenta que remaba solo, vos solo veías mi esfuerzo, así que no me quedo más remedio que saltar…Te escribo desde la orilla, mojado, con frió, en posición fetal, vulnerable como pocas veces, pero sabiendo que es lo mejor…
La recomendación de hoy, Aldo Pellegrini. Había nacido en Rosario, Santa Fe, el 20 de diciembre de 1903, para graduarse de médico un cuarto de siglo más tarde. Fundador de la revista Qué, nunca ahorró esfuerzos para fomentar todas las actividades relacionadas con el arte y la literatura. Es autor de la «Antología de la poesía surrealista de lengua francesa» 1961, «Antología de la poesía viva latinoamericana» 1966 y de «Panorama de la pintura argentina» en 1965. Falleció en 1973, pero como él mismo dijo, los poetas no mueren sino que permanecen "encantados"
Seguimos recordando poesías que nos “encantan”, viajes lingüísticos, dosis necesarias de creación sublime, tan lejanas, tan cercanas…
Abre tus ojos de barro
tus ojos de cielo y de noche interrumpida
tus ojos de alfombra, tus ojos pisoteados
ábrete a la luz y ala sombra y a los vientos
a la sombra negra que arrojan los cuerpos.
Árbol de la ceguera, de las muertes,
camino de las desapariciones,
marchas hacia los ojos abiertos del tiempo
hacia el agua pura del instante que corre
cuando te detienes te tornas invisible
cuando andas te destruyes
sólo eres la sombra de la idea de ser
pero con el hueco de tu mano ves todo
por el hueco de tu mano te derramas,
cuerpo ávido de caricias de atmósferas,
mil veces impasible, mil veces tierno
pero finalmente absorbido por la nada
que corroe lentamente el agua del tiempo.
Aldo Pellegrini